Por Judit Guiu

El paradigma actual de la sanidad se encuentra en una sociedad con factores cambiantes.  El avance científico, aumento de precio de los tratamientos y una población envejecida y prevalencia de patologías crónicas. Esta situación constituye un incremento del gasto sanitario e impone la necesidad de nuevas alternativas para la contención del gasto.

El gasto en salud aumenta a medida que los países se desarrollan. Actualmente lo hace a un ritmo mayor que el crecimiento del PIB. En España, se calcula que los gastos en sanidad van a aumentar de entre 32.000 y 48.000 millones de euros al año en menos de 10 años. De estos, 16.000 se podrían ahorrar tomando medidas de gestión del crecimiento, según indican los expertos en farmacoeconomía.

Por otro lado, en los países en desarrollo hay un serio problema con la accesibilidad y el abastecimiento de fármacos. Este hecho que constituye un problema de salud global grave se traduce en una mortalidad elevada evitable y en la propagación de ciertas patologías.

Por lo tanto, la sostenibilidad de los sistemas sanitarios se ve cada vez más comprometida, siendo necesaria la implementación de nuevas moléculas más sostenibles económicamente y que sean accesibles para toda la población, independientemente del país de residencia. Ante este contexto, aparece una nueva solución: plantas modificadas genéticamente para producir fármacos.

Con las nuevas técnicas de ingeniería genética se pueden expresar ciertas proteínas en plantas que se usan como productos biofarmacéuticos. Al producirse en sistemas vivos (plantas), constituyen una alternativa más práctica y económica de producción. La producción de biofármacos en plantas permite una producción más barata, debido a que no se necesita un equipamiento costoso para su producción.

Además, su producción se puede adaptar a nivel regional de cada país. Garantizando así el abastecimiento de fármacos en los países en desarrollo. Esto también reduciría los obstáculos asociados al suministro de fármacos en zonas aisladas o con poca comunicación.

Un ejemplo de todo ello sería la vacuna recombinante para la hepatitis B. Actualmente se produce a partir de levadura modificada genéticamente. La demanda de dicha vacuna es elevada en países en desarrollo. Desafortunadamente, su producción se ve limitado por un costo demasiado elevado para abastecer a ciertas regiones. Esto se debe a los costes de producción, almacenamiento, purificación y transporte de la vacuna recombinante a partir de levadura. Costes que se verían considerablemente reducidos si su producción se realizara en un sistema vegetal.

Actualmente, se están llevando a cabo investigación y ensayos en el ámbito de los sistemas de producción de fármacos derivados de plantas, por ejemplo, una vacuna contra el VIH en un sistema de producción de planta de tabaco.

Los principales desafíos de la producción de biofármacos en plantas son: la regulación de la bioseguridad de los productos y el control de los riesgos en su producción. Asimismo, el riesgo de que las plantas productoras de biofármacos se mezclen en la cadena alimentaria.

En conclusión, el sistema de producción de biofármacos en plantas es una alternativa a explorar para obtener más sostenibilidad del sistema sanitario.  Aun así, se requiere más investigación y ensayos para garantizar la seguridad de este innovador sistema.

 

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